Oh Divina Pastora de almas, Madre de los bienaventurados. Tú que siempre te has preocupado por nosotros y eres nuestra salvación, cobija y cuídanos con tu maternal protección. Danos fuerza y valor en los malos momentos, en las tristezas, pesares y desalientos. Madre amorosa, intercede por nosotros ante Jesucristo tu Hijo, el Buen Pastor,...

  Oh joven, dinámico y alegre San Pier Giorgio: tú que amaste la amistad verdadera, los deportes y la inmensidad de las montañas, enséñanos a mirar siempre «hacia lo alto» (Verso l'Alto), a ser verdaderos amigos de Dios y a reconocer su rostro vivo en los más necesitados. Ayúdanos a vivir nuestra fe sin miedos...